El sol se distrajo cuando más nos convenía;
mientras hacíamos del tiempo algo nuestro
sin hablar, mantuvimos una conversación
que duró lo que en derretirse tu invierno.
Sentados en algún lugar
cerrábamos los ojos
intercambiando saliva
por un mismo recorrido;
de tu boca a mi boca,
de mi boca a tu cuello.
Así durante las horas que pasaban
sin palabras y con lo único, el tacto
para leer braile escrito en cada cuerpo.
El oxigeno empezaba a escasear
componiendo sinfonías
entre bocados de placer
y caladas frenéticas al aire.
Entonces llegó el ocaso a la embriaguez,
que había sido repartida a partes iguales.
juntos vislumbramos luz en la cima
tu sola recogiste tus bragas del suelo,
mirandome verde, fijamente te ibas.
Mientras me dejabas
ya olvidándome con ganas
de más, mañana,cama y café.