El horizonte es una línea continua,
que se extiende hacia todos los lugares,
las alturas están en su sitio,
a mil metros más cerca del Sol,
que aún no termina de verse.
la rutina de ver a la gente romperla,
se rompe con el parpadeo de los neones del pasillo.
que parpadean mientras no deberían hacerlo.
El destino es llegar.
Hay que sonreír por encima de todo,
con el carmín contrastando el uniforme crema
que no hace distinguir la felicidad de volar,
del miedo a dejarlo de hacerlo.
Al menos ya ha salido el sol,
que entra por las ventanillas que se quedaron abiertas,
viste todo de un color amarillo heráldico.