viernes, 9 de marzo de 2012

Una Postal.

En mi ventana sigue la postal que un día te regale,
y que hace poco me devolviste,
teñida en blanco y negra.
reluce la giralda y parte de la catedral,
en diferentes tonos grises.
sujeta al bastidor
y pegada al doble cristal;
que funciona de aislamiento térmico y sonoro.
Es un detalle más, que no demás,
en la saturada decoración de mi cuarto,
que mantengo a pesar de las críticas
de todos los que pasan por él.

Es una imagen típica, que se suele fotografiar
al salir de la calle Miguel Mañara.
Pero lo verdaderamente importante
no es la imagen,
sino lo que está escrito detrás,
un mensaje de complicidad plena,
algo que escribí sobre nuestra manía
de querer entrar en la catedral y nunca hacerlo.

Está escrito en tinta azul
de un boligráfo bic,
de esos baratos.
firmado por mi,
hacia ti, un día exacto
el treinta y uno de Enero.
un texto, que ahora se oculta a la vista de todos,
que desde el cuarto solo ven la imagen.
pegado al doble cristal,
una cartulina rectangular que
lleva asomándose a la calle
las 24 horas de todos los días.
desde hace un tiempo.

y que nadie se para a leer.



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