No hay dios que la domine,
como en las peliculas x de cine,
ella lleva tacones altos,
que de pronto aparecen en primer plano,
y van subiendo hasta sus labios.
después aparece su ombligo,
perfectamente redondeado.
hasta llegar a enfocar los hombros,
libres como las ganas del que los ve.
cambio de miradas,
sucias por provocativas,
y es ese momento en que estás apunto,
de ir hacia ella,
se tapa con algo,
todo, toda.
con algun trapo,
y pone mirada de susto,
y de pronto sabes que habrá sido
un descuido.
un dulce descuido.
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