AGUARRÁS
Y MATARRATAS.
Anoche bebí,
bebí tanto.
séque no volveré hacerlo.
destrocé un hígado.
no se cuantos tenemos.
ni si todavía tengo uno.
cualquier bebida me consumía,
a la vez que yo a ella.
una mezcla perfecta de
desinfectantes con refrescos.
y pude verte.
a través de la cristalera sucia
más allá de la barra,
donde raspaba mis codos,
para poder seguir tragando.
te vi pasar,
como quien ve,
algo en llamas,
a toda velocidad,
pasar por delante de su propia cara
sin darse cuenta.
se que eras tú.
pero deje de verte,
para mirar perdidamente
esa barra de madera,
antigua y seca.
con surcos y firmas anónimas,
de otros que se sentaron
a beber durante horas,
como si el alcohol no doliera.
otros que una vez,
creyeron ver pasar
a su mujer en llamas.
de pronto lo entendí;
firme mi nombre en mayúsculas,
bien grande,
el más grande de todos.
en una lápida, cambiante.
llena de nombres perdidos.
de tantos perdedores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario