Un día se alzó en mi cama,
durante segundos que duraron;
dos eternidades,
Tan lasgas que cuando abrió de nuevo los ojos
ya no olía ni a sexo ni había amor.
Sino que caminaba ya,
con destino algún rincón lejos de aquí,
había cambiado su forma de andar,
de peinado y de mirada.
pero sobretodo habia cambiado
su manera de concevir el placer;
es decir, con otros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario