Reniego de tus braga caídas,
de tu sujetador perdido ,
de tu pantalón ajustado,
de tus camisas transparentes
de poca imaginación.
Reniego de los rituales de carne
de tu pelo salvaje,
de tu boca roja,
de tus vicios
y tus pecados.
Reniego de tu tacto
y de tu olor.
Reniego de tus ojos entornados
de verdes a blancos,
de tus suspiros
de a medio pulmón.
Quiero renegar, no de tí
y sí del verbo hambriento;
que de forma voraz;
crea los recuerdos.
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